Pensé en ti hoy,
en tu dulzura,
en la manera en que tu bondad desarma las esquinas del día
y en cómo tus colores logran teñir de calma lo que antes era gris.
Pensar en ti es asombroso,
un rincón tibio donde el ruido del mundo se apaga
y se enciende la vida.
Te busqué en los detalles pequeños,
en los matices del cielo cuando el sol decide retirarse,
en el vuelo sereno de lo que encuentra su nido,
en la certeza de saber que el amor no es una batalla,
es un refugio de manos abiertas.
Eres el recordatorio de que la belleza existe,
de que la ternura es la fuerza más valiente que nos habita.
Al mirarte con detenimiento,
comprendo que este amor no quiere encerrarse entre dos nombres.
Que la luz que me das pide espacio, pide viento, pide tierra.
Que este latido constante no es solo tuyo ni solo mío,
es algo mucho más grande.
Finalmente comprendo que el amor verdadero,
siempre nos conduce al mismo puerto.
Tu dulzura me enseñó a mirar con piedad el camino ajeno,
tus colores me mostraron que la diversidad es el único paisaje posible, y tu paz... tu paz me hizo desear la paz de todos.
Que este poema que empezó con tu nombre en mi mente,
se vuelva un susurro que abrace los campos
y los senderos que nos faltan por andar.
Que el amor sea el principio,
pero que el destino final de cada palabra aquí escrita,
de cada vida, sea por siempre,
la paz.
- Fernanda Duarte